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Las cuatro palabras fundamentales de la magia

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Alejandro Jodorowsky: Para llegar a ser nosotros mismos, antes que nada debemos llevar a su realización a cada uno de nuestros cuatro egos. El Ego corporal debe conocer el agradecimiento que significa ser consciente de la impermanencia de la materia, del milagro que es la vida y del inconmensurable valor que tiene cada segundo. El Ego libidinal debe conocer la satisfacción, satisfacción que significa la eliminación de deseos parásitos, la libertad creativa y la aceptación del placer genuino. El Ego emocional debe conocer la paz, paz que significa el perdón universal (para el iniciado, mirar, escuchar, olfatear, tocar y gustar es bendecir) y la unión caritativa con las fuerzas positivas del mundo. El Ego intelectual debe conocer el silencio, silencio que significa el fin del diálogo espectador-actor. En resumen, las cuatro palabras fundamentales de la magia: querer, osar, poder, callar.

Alejandro Jodorowsky, en “Cabaret místico” (Ed. Siruela)

Imagen: Raphael Gavilar

Crecer, ¿para qué?

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04.enero.15

Texto: Alejandro Jodorowsky

Dibujo: Monoperro

GALERÍA

nombrepoema

Nuestro nombre es el primer contrato con el que cargamos

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Cuando bautizamos a un hijo debemos saber que junto con el nombre le pasamos una identidad. Evitemos por tanto los nombres de los antepasados, de antiguos novios o novias, de personajes históricos o novelescos.

Los nombres que recibimos son como contratos inconscientes que limitan nuestra libertad y que condicionan nuestra vida. Un nombre repetido es como un contrato al que le hacemos una fotocopia, cuando en el árbol genealógico hay muchas fotocopias el nombre pierde fuerza y queda devaluado.

Según Cristóbal Jodorowsky, el nombre tiene un impacto muy potente sobre la mente. Puede ser un fuerte identificador simbólico de la personalidad, un talismán o una prisión que nos impide ser y crecer.

Ya hemos comentado en otro artículo que en los árboles narcisistas cada generación repite los mismos nombres de sus ancestros y con ello se repiten los destinos.

¿Atraen ciertos barrios a personas cuyo estado emocional corresponde al significado oculto de esos nombres?

Dice Alejandro Jodorowsky que en Santiago de Chile vivió en La plaza Diego de Almagro, un lugar que él sintió como oscuro y triste. Resulta posible pensar que ese lugar era el reflejo de su interior en aquel momento de su vida.

Diego de Almagro fue un conquistador frustrado. Por engañosos consejos de su cómplice Pizarro, partió de Cuzco hacia las tierras inexploradas del Sur creyendo encontrar templos con tesoros fabulosos. Después de muchas calamidades volvió como alma en pena a Cuzco, donde su traidor socio, no queriendo compartir las riquezas robadas a los incas, lo hizo ejecutar.

Podríamos dedicar unos minutos a observar el lugar donde vivimos: en la calle de un poeta, de una santa benefactora, de un descubridor o tal vez en la de un general asesino.

Nada es casual, el mundo es como un espejo que nos refleja, cada vez que realizamos una mutación interior también cambia nuestro exterior.

¿Podríamos decir que los nombres tienen una especie de frecuencia que sintoniza con ciertos receptores? ¿Qué tipo de receptores?

Inconscientemente nos sentimos atraídos por cientos nombres que reflejen lo que somos (a veces son exactos y otras veces están ocultos detrás de máscaras, sólo hay similitudes léxicas o fonéticas):

  • Nuestra parte sana y positiva es un receptor que sintoniza con ciertos nombres, porque nos hacen gozar y sentirnos seguros.
  • Nuestra parte enferma y negativa es otro receptor que sintoniza nombres determinados, porque hay una intención supraconsciente de resolver el conflicto.

Reflexionemos de nuevo en los nombres de lo que hemos atraído a nuestro mundo:

-El nombre de nuestra empresa, centro de trabajo, escuela…

-El nombre de nuestra pareja, amigos, jefes, profesores…

-Personas que se cruzan en nuestro camino por “accidente” y se llaman exactamente igual que nuestro padre (o madre, hermano…)

¿Hay una programación inscrita en nuestro nombre y apellidos?

Según nos cuenta Alejandro Jodorowsky, tanto el nombre como los apellidos encierran programas mentales que son como semi­llas, de ellos pueden surgir árboles frutales o plantas veneno­sas. En el árbol genealógico los nombres repetidos son vehícu­los de dramas. Es peligroso nacer después de un hermano muerto y recibir el nombre del desaparecido. Eso nos condena a ser el otro, nunca nosotros mismos. Cuando una hija lleva el nombre de una antigua novia de su padre, se ve condenada a ser “la novia de papá” durante toda su vida. Un tío o una tía que se suicidaron convierten su nombre, durante varias generaciones, en vehículo de depresiones. A veces es necesario, para detener esas repeticiones que crean destinos adversos, cambiarse el nombre. El nuevo nombre puede ofrecernos una nueva vida. En forma intuitiva así lo comprendieron la mayoría de los poe­tas chilenos, todos ellos llegados a la fama con seudónimos.

¿Hay ejemplos que nos permitan comprender la importancia del nombre?

Nuestro nombre nos tiene atrapados, ahí está nuestra “individualidad”

-Barrick Gold (oro en inglés es gold) se convirtió en el mayor productor de oro del mundo.
-Brontis “voz de trueno” se dedica al mundo del teatro con una potente voz…
-Maria, Inmaculada, Consuelo se asocian a la pureza, la virginidad, nombres que exigen perfección absoluta, que nos limitan

-Miguel ÁngelRafael, Gabriel, los nombres de ángeles dan problemas con la encarnación

-Césarpoderoso y asociado a la ambición

¿Cómo sé si el nombre que he recibido me perjudica?

Estudiar los nombres del árbol genealógico es igual que acceder al inconsciente. En los nombres encontramos secretos. Es importante ver cómo funciona el nombre que nos dieron.

Algunas cuestiones:

-Lo primero es saber la persona que nos nombró. ¿Papá?, ¿mamá?, ¿abuelo?, ¿la hermana?, ¿el padrino?… El que nombra, toma poder sobre lo nombrado y no es lo mismo llamarme Micaela por mi abuela paterna, si el nombre se le ocurrió a mi padre para repetir el nudo incestuoso, o por mi madre, para ser aceptada en la familia de mi padre, dándole una hija-clon de su suegra.

-¿De pequeño/a me gustaba mi nombre o me hubiese gustado llamarme de otra manera? Los niños tienen una intuición especial y una fresca desinhibición que les permiten rechazar de pleno lo que les contamina.

-Investigar de donde viene nuestro nombre:

*Si es de algún familiar, es bueno analizar su destino y los caminos que recorrió en su vida, porque probablemente venimos a repetirlos. Llamarse René después de un hermano muerto, es cargar con él toda la vida.

*Si es de alguien significativo para quién nos nombró, nos caerá la carga de darle a éste lo que el otro no le dio.

*Si es de algún personaje histórico, novelesco, as del fútbol o princesa de Mónaco, viviremos frustrados y fracasados si no seguimos el guión.

*Si es por algo material, adquiriremos las propiedades de ese elemento. Por ejemplo, “si me llamo por la muñeca de mi hermana, me convertiré en su muñeca, ella jugará conmigo, me dominará”.

*Si me llamo por algo inmaterial, tenderé a fines abstractos ideados por nuestros padres, desatendiendo lo real e incluso, por oposición a ellos, llegaré a materializar lo contrario a lo que llevo escrito en el nombre. Llamarse Libertad, Paz, Luz, no siempre es sinónimo de ser libre, vivir en paz y tener las cosas claras.

-Los diminutivos: “Me llamo Manuel como mi abuelo, pero me dicen Manolito”, han proyectado en ti la figura de tu abuelo, pero tienes prohibido crecer y superarlo.

-Los nombres compuestos: “Me llamo José Luís, por mi padre y mi abuelo”. Pobre de ti si la relación entre ellos era farragosa. “Me llamo “María José”, como dice Jodorowsky, “¡Catástrofe sexual!”.

-Los nombres feminizados o masculinizados: Mario, Josefa, Carmelo, Paula, corresponden a deseos frustrados de que naciéramos del sexo contrario.

¿Por qué no cambiarnos de nombre cuando este va cargado por un lastre que nos inmoviliza?

Nos aterra cambiarnos de nombre ya que tememos que dejaremos de ser reconocidos por nuestro clan. Tememos no ser reconocidos, ni identificados, no ser amados es el mayor temor que tenemos. Somos seres gregarios y pensamos que podemos morir si nuestro “clan” nos abandona, lo que es una herencia de nuestro cerebro arcaico.

Metafóricamente, el nombre que nos dan los padres es como un archivo del GPS que nos va indicando caminos digitalizados y guardados en la memoria familiar. Al nacer, nos instalan el archivo y vamos deambulando por el mundo por rutas más o menos pedregosas y abruptas, pero nos sentimos como en casa, porque ya fueron trazadas por el sistema operativo del árbol. Cambiarnos de nombre es arrojar el GPS por la ventanilla del coche y empezar a ver y  a recorrer nuevos caminos, conquistar territorios que no habían sido archivados por nuestro árbol. Es hacernos cargo de nuestro propio destino.

¿Cómo entonces llamar a nuestros hijos cuando nacen?

Alejandro Jodorowsky afirma que cada uno tenemos un nombre (podemos hacer aparecer a nuestro guía interior y pedirle nuestro nombre en un ejercicio de meditación o de visualización) que viene con nosotros incluso antes de ser concebidos. Es posible que durante la gestación, este nombre les llegue al mismo tiempo a ambos padres de forma telepática, si tienen suficiente capacidad de percepción. Si no es así, es el niño el que debe nombrarse más adelante. En el caso de tener que decidir como llamar al bebé, el nombre no debe haber existido en la historia de su árbol genealógico, ni haber pertenecido a personas o ideales de los que lo nombran.

¿Cómo podemos cambiarnos el nombre?

Cristóbal Jodorowsky dice que: “cambiar nuestro nombre interno nos permite continuar creciendo… Imaginemos que quiero recuperar ese nombre que me dieron, pero que está lastrado por innumerables proyecciones familiares… Supongamos que se trate de mi nombre: CRISTOBAL

-Moldearé con arcilla las letras de mi nombre, una a una…

-Las coceré una vez secadas para convertirlas en algo cerámico…

-Pintaré cada una de esas letras de forma que su mitad izquierda sea plateada y su derecha dorada…

-Con ese nombre que he creado lo introduciré en el interior de una gran bola de arcilla (como una pelota) Sobre esa inmensa pelota de arcilla pegarás las fotografías de todos los ancestros de tu familia: padres, abuelos, bisabuelos…

-Dejaremos que seque lentamente. (Durante nueve meses)

-Transcurrido ese tiempo, con un martillo dorado rompemos el “huevo”(es decir la pelota de arcilla que contiene en su interior las letras de nuestro nombre)

-Lavamos con agua bendita las letras de nuestro nombre. Las perfumaremos bien…

-Enterramos todo el material del huevo que hemos roto a martillazos y plantamos una bella flor.

-Para finalizar ese nombre debemos dejarlo en nuestro altar particular. Ese que ya nos hemos creado en algún lugar de nuestra casa.

(Nos habrá costado, pero de esa forma recuperamos el nombre…)

Imagen: Almanaque Sanador    www.colofon.es

 

INCONSCIENTE

Preguntas para intentar entender que es el inconsciente

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Alejandro Jodorowsky: La razón es como la punta de un iceberg; lo que está hundido dentro del agua representa al inconsciente. Racionalismo puro es una sequedad… Irracionalismo puro es salvajismo. Se trata de usar las dos partes del cerebro, la consciente y la inconsciente; la intuitiva y la razonable. El mundo es consciencia e inconsciente, es extenso. Vemos más de lo que vemos, oímos más de lo que oímos, tenemos una mirada inconsciente, una escucha inconsciente.

-Desde la metagenealogía se dice que la familia es el inconsciente, ¿Por qué?

Conocer el propio árbol genealógico es en cierta forma como conocer nuestro inconsciente. Lo que está “escrito” en nuestro árbol, también lo está en nuestro inconsciente, por tanto vamos a repetirlo a menos que lo conozcamos y lo trabajemos. Nuestra parte inconsciente no sale a flote sólo en los sueños, sino que toma parte activa de alguna manera también en las horas de vigilia: manifestándose en el cuerpo, en forma de síntoma o enfermedad, en actos fallidos, por nombrar algunos ejemplos.

-¿Resulta posible realizar un mapa del inconsciente?

Algunos terapeutas que han hecho estudios genealógicos, han querido reducirlo a fórmulas matemáticas, pero al árbol no se le puede encerrar en la jaula racional. El inconsciente no es científico, es artístico. El psicoanálisis viene de la ciencia médica y trata de interpretar el lenguaje del inconsciente de una forma racional. Pero el inconsciente no es racional ni científico. Ahí es donde falla el psicoanálisis. Yo pienso que el psicoanálisis debería ser ejercido por artistas que aprendan a hablar el lenguaje del inconsciente.

-Cuando hablamos de inconsciente, ¿a qué nos estamos refiriendo?

Tenemos el inconsciente individual, personal, por debajo del mismo está el inconsciente familiar, el que nos conecta con el árbol. El inconsciente colectivo, del que hablaba Jung, todos estamos conectados entre si. El inconsciente histórico. El inconsciente cósmico en último lugar, es el más profundo.

-¿Qué lenguaje habla el inconsciente?

El inconsciente es un mundo hecho de imágenes, de metáforas y de arquetipos. Es nuestro aliado, se muestra a través de sueños y de gente que aparece en la vida. Nos da cosas, nos manda mensajes… El inconsciente no es traducible, es totalmente caótico.

Sigmund Freud, médico y científico trató al inconsciente como “una selva”. Consideraba que el hombre es un animal que habla. De ahí que utilizara la razón para llegar al inconsciente. Trató de alcanzar al inconsciente usando la palabra. Pero el inconsciente no entiende las palabras, ese es el problema.

- ¿Qué es lo que entiende por supraconsciente?

Es el lugar donde está la programación del Universo, está el futuro. Si sólo miro en esa dirección, acumulo: conocimientos, emociones, deseos y posesiones. Nuestro Dios interior es la suma del inconsciente y el supraconsciente. Los chamanes son capaces de sanar adoptando como aliados a estas dos dimensiones.

-Si lo convertimos en nuestro aliado, ¿qué sucede?

Si aprendemos su lenguaje, se pone a trabajar para nosotros. Si la familia que se encuentra en nuestro interior, anclada en la memoria infantil, es la base de nuestro inconsciente, debemos entonces desarro­llar a cada pariente como un arquetipo. Es preciso que le concedamos nuestro nivel de conciencia, que lo exaltemos, que lo imaginemos alcanzando lo mejor de él mismo. Todo lo que le damos, nos lo damos. Lo que le negamos, nos lo negamos. Esta forma de sanarnos y sanar el árbol tendrá repercusiones positivas en las generaciones venideras. Siendo nosotros mismos y desactivando las trampas caducas del árbol, estamos trabajando no sólo para nosotros, sino también para los que nos sigan en el tiempo futuro.

- ¿Cualquier mensaje, incluso las pesadillas, que nos llegan desde el inconsciente hacia nuestra conciencia, siempre son para bien?

El inconsciente no es un profesor con el intelecto a cuestas, sino un artista amoral (no inmoral), mezcla de verbo sagrado y carcajada, libre de diplomas, medallas y respetos caducos. Las pesadillas son mensajes del inconsciente que te dice: “hay aspectos de tu persona real que no te atreves a vivir y que ves como angustiosas monstruosidades. Aprovecho que estás dormido para inquietarte, despertar tu curiosidad, llamarte, rogarte, perseguirte para que por fin entres en mi reino, que es el de tu verdadera y maravillosa esencia. Cesa de temer, hazme frente. Pregúntame: ¿qué me quieres decir? (lo que significa: ¿qué me quiero decir?)

-Un ejemplo de metáfora asociada al inconsciente

Tú, por ejemplo, ves a alguien que te ha hecho mucho daño y le das una bola pintada de negro, y le dices: “Toma, éste es tu cáncer y no el mío, quédatelo”. Eso es una metáfora.
La dimensión no racional y la dimensión corporal forman una unidad interrelacionada. Con cada mensaje que enviamos al inconsciente en formato de metáfora, activamos una especie de chip en el sistema nervioso que va poco a poco modificando las redes de información. Si el mensaje es sanador, terminaremos sanando, si el mensaje es tóxico, enfermaremos.

Las metáforas son útiles para deshacernos de las lealtades infantiles. Mantenemos una poderosa e inconsciente fidelidad a nuestros designios familiares: a sus tradiciones, a sus traumas, a sus secretos, a sus proyectos más o menos advertidos. Adoptamos los sentimientos de la familia como si fueran propios.